Tras tejer algunas redecillas, buscar apoyo en esa situación que nos incomoda de forma más o menos apremiante, sucede la euforia; cada vez que alguien con sus comentarios más o menos intencionados, más o menos conscientes, da solidez a la relidad de contraste que estamos creando, sucede la euforia, la euforia de poder dar solidez a una idea incipiente, a una realidad en la que necesitamos el apoyo de otras realidades para solidificar la nuestra, adecuada a extender nuestra zona de confort...
Perdemos, perdemos nuestra propia base, vendemos apoyo por apoyo, nos atamos a las propias situaciones incómodas de las personas que nos ofrecen un pedacito de suelo donde afirmar nuestra propia realidad.
jueves, 23 de noviembre de 2017
miércoles, 7 de enero de 2015
miércoles, 1 de abril de 2009
Lágrimas de mujer
Veo películas de mujeres que lloran lágrimas secas o húmedas donde un hombre acude a consolarlas y protegerlas; oigo canciones de hombres que han visto lágrimas de mujer y han quedado prendados de ellas, no se muy bien si de las lágrimas o de las propias mujeres...
Siento las lágrimas corriendo por mi cara, por mi cuello y mi cuerpo, y llegan al suelo donde se funden con la tierra que piso, que me da sustento...
Las escondo de los hombres que necesitan verlas para sentir amor, para sentirse necesarios mediante la protección...
También escondo mis sonrisas de esos hombres que las buscan creyendo que la felicidad eterna está en la sonrisa de una mujer, que no es eterna...
Escondo mis pasos para que ningún rastreador los encuentre y decida seguirlos...
Invisibilizo mi presencia para que ningún hombre vuelva a hacer de mí su bandera...
Busco a las personas que entiendan mis lágrimas como un desahogo sencillo y pasajero...
Busco a las personas que vean mis sonrisas como un desahogo sencillo y pasajero...
Creo en las personas con las que se cruzan nuestros caminos...
Comparto mi energía con las personas que sienten mi presencia, de las que siento su presencia, para entender de la vida...
Te busco a tí, aunque sólo en mi realidad...
En la tuya no te conozco.
Me gustaría.
Siento las lágrimas corriendo por mi cara, por mi cuello y mi cuerpo, y llegan al suelo donde se funden con la tierra que piso, que me da sustento...
Las escondo de los hombres que necesitan verlas para sentir amor, para sentirse necesarios mediante la protección...
También escondo mis sonrisas de esos hombres que las buscan creyendo que la felicidad eterna está en la sonrisa de una mujer, que no es eterna...
Escondo mis pasos para que ningún rastreador los encuentre y decida seguirlos...
Invisibilizo mi presencia para que ningún hombre vuelva a hacer de mí su bandera...
Busco a las personas que entiendan mis lágrimas como un desahogo sencillo y pasajero...
Busco a las personas que vean mis sonrisas como un desahogo sencillo y pasajero...
Creo en las personas con las que se cruzan nuestros caminos...
Comparto mi energía con las personas que sienten mi presencia, de las que siento su presencia, para entender de la vida...
Te busco a tí, aunque sólo en mi realidad...
En la tuya no te conozco.
Me gustaría.
jueves, 4 de diciembre de 2008
04/12/08
Hoy me he levantado tarde, como casi cada día, me ha costado encontrar el suelo, mis pies flotaban y flotaban, pero al final, las baldosas los han capturado. Paso a paso me han llevado a la cocina para hacer el desayuno, mi voz guiaba sus pasos y los apresuraba, pero ellos seguían volando, a las baldosas les cuesta mucho más capturar sus pies, incluso hay días que no lo consiguen. Deprisa deprisa han despojado su cuerpo de la piel de dormir, y perezosamente se han puesto la de salir a la calle. Han ingerido el alimento para poner a tope sus motores y casi rugiendo han traspasado el umbral de nuestra morada para asistir un día más al centro de sociabilización más cercano, al de cada día, al de cada año. Te quiero mamá, yo también os quiero...
Mis pies han seguido, paso a paso, recogiendo los bártulos del primer acto de alimentación cometido hoy por ellos, mientras yo, lentamente, terminaba con el mío. Tras recargar mi motor, que ya no se recarga como antaño, me he dedicado un rato a cambiar las cosas de sitio, una vez más, a limpiar algunas, como siempre, y a cambiar mi piel de sueño por piel de salir a la calle. He peinado mis cabellos y he observado la mirada que me devolvía el espejo. He calzado mis pies, que seguían conectados con el suelo, he mirado con lástima mi morada y he cerrado la puerta, una vez más.
Las escaleras hoy no estaban alegres, más bien en serena quietud, con respeto he pisado cada uno de sus peldaños, saludando al día que asomaba tras el último recodo...
La puerta me ha abierto sonriente
¿Cómo estás hoy?
Y bien...
Aunque mi sonrisa era lastimera. Las estanterías repletas de libros me han saludado, cálidas, amparadas al calor de la estufa, que llameaba alegre, como siempre. Mi silla, mi ordenador, mis papeles, todo como antes, esperando expectantes a que les llegue el momento de ser ordenados, a todos nos llega el momento.
He salido todo lo rauda que mi pesado cuerpo me ha dejado, mis músculos, un poco a su albedrío, van a su paso. La calle con su frío resplandor hoy estaba quieta, no retumbaban las paredes de las casas ni vibraban las ventanas, un día frío calma los ánimos.
En el centro de sociabilización me esperaba sonriente, a través del cristal de una lánguida ventana su sonrisa energética me saludaba, le he transferido la materia de su segundo acto de alimentación, seguía flotando, lo ha cogido y tras un abrazo a distancia cálido y esponjoso nos hemos despedido, de nuevo a través del cristal de la lánguida ventana. Un ser sociabilizador ha asomado su sonriente cabeza, que ha chocado con mi gélida burbuja, no los soporto...
De vuelta, con mis lentos pasos me he dirigido a un centro de habituallamiento, donde además hay calor humano, he comunicado tonterías un rato, he cargado mi motor compartiendo sonidos con una burbuja radiante y pequeña y tras un acalorado choque de palabras con mi progenitora, a quien sus pies también han llevado al centro de habituallamiento, que ha terminado en cálidas comprensiones, nuestros pies nos han llevado, paso a paso, de nuevo al centro de cálidas estanterías repletas de libros.
De nuevo los papeles...
Las voces han legado corriendo, un rato antes que ellos. Todo lo rápido que mis músculos han querido, he abandonado las cálidas estanterías y los ansiosos papeles. De nuevo he subido pisado cada uno de los peldaños de las escaleras, que bañadas por la luz que ha conseguido cruzar el umbral, parecían más naranjas.
De nuevo deprisa, pero serena he cambiado algunas cosas de sitio, he limpiado otras, he combinado alimentos y he jugado a ser alquimista con agua y fuego.
El resultado no ha sido desastroso, pero no les han gustado los alimentos, así que el tercer acto de alimentación de hoy ha resultado un tanto discursivo, aunque la prisa, acuciante, ha colaborado en que terminara pronto, de nuevo sus pies les han llevado al centro de sociabilización. Te quiero mamá... Yo también os quiero... Portaros bien... Si mamá...
He vuelto a la calidez de las estanterías, pisando de nuevo cada escalón, pero el tedioso ronroneo de mi ordenador no ha impedido que escuchara la llamada del agua. He comunicado con mi progenitora y tras volver al inicial choque de palabras en un tono amistoso, hemos unido nuestros pasos, dirigiéndolos esta vez nosotras, hacia el agua.
El escaso sol y el escaso viento nos han acompañado, mientras nuestras rencillas se iban desenredando palabra tras palabra. Hay tantas rencillas escondidas por nuestras casas...
Cuando nuestros pies nos llevaban hacia las calles de cemento, nos hemos detenido en el camino de piedras, hemos comunicado un espacio de tiempo y tras un rato hemos emprendido el camino, aunque esta vez a destiempo.
Siguiendo las piedras han llegado de nuevo primero las voces, seguidas de los pies que seguían flotando...
Mamá, mamá, ¿donde estabas? Te hemos buscado por todas las casas...
Estoy aquí, no preocuparos...
Mis pies me han llevado de nuevo a la escalera, a nuestra morada. Cuarto acto de alimentación, he vuelto a cambiar cosas de sitio, he limpiado algunas de nuevo...
He compartido tiempo y he comunicado con ellos.
Quinto acto de alimentación. Con nuevas palabras apremiantes, con nuevos choques de palabras entre ellos y nuevas palabras mías han cerrado los ojos, no sin un cálido beso y abrazo de buenas noches, sus pies han dejado de flotar sobre el suelo, ahora descansan sobre blandos sueños y su respiración acompasada acompaña el sonido de las suaves teclas...
Mis pies han seguido, paso a paso, recogiendo los bártulos del primer acto de alimentación cometido hoy por ellos, mientras yo, lentamente, terminaba con el mío. Tras recargar mi motor, que ya no se recarga como antaño, me he dedicado un rato a cambiar las cosas de sitio, una vez más, a limpiar algunas, como siempre, y a cambiar mi piel de sueño por piel de salir a la calle. He peinado mis cabellos y he observado la mirada que me devolvía el espejo. He calzado mis pies, que seguían conectados con el suelo, he mirado con lástima mi morada y he cerrado la puerta, una vez más.
Las escaleras hoy no estaban alegres, más bien en serena quietud, con respeto he pisado cada uno de sus peldaños, saludando al día que asomaba tras el último recodo...
La puerta me ha abierto sonriente
¿Cómo estás hoy?
Y bien...
Aunque mi sonrisa era lastimera. Las estanterías repletas de libros me han saludado, cálidas, amparadas al calor de la estufa, que llameaba alegre, como siempre. Mi silla, mi ordenador, mis papeles, todo como antes, esperando expectantes a que les llegue el momento de ser ordenados, a todos nos llega el momento.
He salido todo lo rauda que mi pesado cuerpo me ha dejado, mis músculos, un poco a su albedrío, van a su paso. La calle con su frío resplandor hoy estaba quieta, no retumbaban las paredes de las casas ni vibraban las ventanas, un día frío calma los ánimos.
En el centro de sociabilización me esperaba sonriente, a través del cristal de una lánguida ventana su sonrisa energética me saludaba, le he transferido la materia de su segundo acto de alimentación, seguía flotando, lo ha cogido y tras un abrazo a distancia cálido y esponjoso nos hemos despedido, de nuevo a través del cristal de la lánguida ventana. Un ser sociabilizador ha asomado su sonriente cabeza, que ha chocado con mi gélida burbuja, no los soporto...
De vuelta, con mis lentos pasos me he dirigido a un centro de habituallamiento, donde además hay calor humano, he comunicado tonterías un rato, he cargado mi motor compartiendo sonidos con una burbuja radiante y pequeña y tras un acalorado choque de palabras con mi progenitora, a quien sus pies también han llevado al centro de habituallamiento, que ha terminado en cálidas comprensiones, nuestros pies nos han llevado, paso a paso, de nuevo al centro de cálidas estanterías repletas de libros.
De nuevo los papeles...
Las voces han legado corriendo, un rato antes que ellos. Todo lo rápido que mis músculos han querido, he abandonado las cálidas estanterías y los ansiosos papeles. De nuevo he subido pisado cada uno de los peldaños de las escaleras, que bañadas por la luz que ha conseguido cruzar el umbral, parecían más naranjas.
De nuevo deprisa, pero serena he cambiado algunas cosas de sitio, he limpiado otras, he combinado alimentos y he jugado a ser alquimista con agua y fuego.
El resultado no ha sido desastroso, pero no les han gustado los alimentos, así que el tercer acto de alimentación de hoy ha resultado un tanto discursivo, aunque la prisa, acuciante, ha colaborado en que terminara pronto, de nuevo sus pies les han llevado al centro de sociabilización. Te quiero mamá... Yo también os quiero... Portaros bien... Si mamá...
He vuelto a la calidez de las estanterías, pisando de nuevo cada escalón, pero el tedioso ronroneo de mi ordenador no ha impedido que escuchara la llamada del agua. He comunicado con mi progenitora y tras volver al inicial choque de palabras en un tono amistoso, hemos unido nuestros pasos, dirigiéndolos esta vez nosotras, hacia el agua.
El escaso sol y el escaso viento nos han acompañado, mientras nuestras rencillas se iban desenredando palabra tras palabra. Hay tantas rencillas escondidas por nuestras casas...
Cuando nuestros pies nos llevaban hacia las calles de cemento, nos hemos detenido en el camino de piedras, hemos comunicado un espacio de tiempo y tras un rato hemos emprendido el camino, aunque esta vez a destiempo.
Siguiendo las piedras han llegado de nuevo primero las voces, seguidas de los pies que seguían flotando...
Mamá, mamá, ¿donde estabas? Te hemos buscado por todas las casas...
Estoy aquí, no preocuparos...
Mis pies me han llevado de nuevo a la escalera, a nuestra morada. Cuarto acto de alimentación, he vuelto a cambiar cosas de sitio, he limpiado algunas de nuevo...
He compartido tiempo y he comunicado con ellos.
Quinto acto de alimentación. Con nuevas palabras apremiantes, con nuevos choques de palabras entre ellos y nuevas palabras mías han cerrado los ojos, no sin un cálido beso y abrazo de buenas noches, sus pies han dejado de flotar sobre el suelo, ahora descansan sobre blandos sueños y su respiración acompasada acompaña el sonido de las suaves teclas...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
